MARGINALIDAD SOCIAL EN OSORNO, SIGLO XIX

Roswitha Hipp

Este tema es abordado por la Historia Social. Su desarrollo inicial estuvo en manos de la historiografía europea, especialmente británica y francesa, aunque en las últimas décadas su estudio se ha difundido en gran parte de América Latina.

En este último tiempo, se ha producido una abundante bibliografía que da cuenta de la importancia que ha adquirido el tema, y otros, de carácter eminentemente social. La Historia Social intenta sacar del centro de la discusión a las elites sociales, para dejar paso al análisis de las “minorías”, en los distintos planos: económico, social, psicológico y demográfico. En este sentido caben los trabajos de importantes historiadores franceses, tales como Braudel, Goubert, Labrouss y Le Roy Ladurie, y los ingleses, Peter Laslett, Edward Thomson y Eric Hobsbawm.

Thomson, como miembro del grupo de historiadores sociales de la Universidad de Cambridge, con un fuerte análisis marxista, concentró sus estudios en “los cambios sociales y económicos del pasado”, estudió los conceptos de “clase” y de “conciencia de clase”. Por su parte, Hobsbawm centró su análisis en la Revolución Industrial, y en analizar “la sociedad anterior a ella y su inserción en el mundo capitalista moderno”. [1] Estos historiadores han desarrollado trabajos que centran la atención en grupos llamados “marginados”, “no integrados objetiva o subjetivamente a las estructuras socioeconómicas que predominaban en la época”. [2] 

Uno de los comportamientos sociales, considerados como marginales, y que más han sido estudiados por la historiografía europea y chilena es lo que conocemos como bandidaje. En un sentido social, lo podemos definir como un fenómeno eminentemente transgresor, o ilegal, es decir, totalmente opuesto a las pautas formales o modelos que la sociedad transmite, en cuanto a los valores, como la  honradez, las buenas costumbres,  la moralidad, el respeto de la propiedad privada, etc.

El fenómeno del bandidaje lo podemos insertar dentro de la marginalidad social, como también otros comportamientos sociales transgresores, como la prostitución y las relaciones sexuales ilícitas. A este primer criterio de marginalidad se suma otro: en esta actividad delictual se hallan personas que provienen, preferentemente, de grupos humanos marginados de los mecanismos de integración al sistema económico y a la estructura social”. [3]

Con esta investigación queremos demostrar que en la ciudad de Osorno en el siglo XIX, también encontramos esta “forma” de comportamiento psicosocial, así como en las áreas mineras del Norte Chico, las agrícolas de la Zona Central y las portuarias, las cuales se vieron más vulneradas por ser zonas de atracción de la población marginada de la estructura laboral y socioeconómica.

Veremos cómo son los códigos de comportamiento de estos grupos, que no se sienten perteneciendo a la estructura laboral y socioeconómica vigentes, al desconocer tácitamente ese ordenamiento social, lo que nos llevaría a pensar en la existencia de un orden alternativo, distinto al estatuido, por la Iglesia, la Corona española y después por el Estado republicano.

Surgimiento de la Marginalidad Social

 

Al hablar de marginalidad social, debemos dejar establecido claramente cuál es el grupo o los grupos marginales o marginados, aquellos que no están integrados o funcionalizados en la estructura social, económica y laboral vigentes. De acuerdo a los antecedentes que nos entrega Marcelo Carmagnani, para el Norte Chico, tenemos que situar al grupo mestizo blanco y de color dentro del grupo mayoritario de marginados sociales, los cuales se mantuvieron marginados de la estructura socioeconómica, debido a que la estructura laboral desde los inicios coloniales, tuvo a la encomienda de indios como principal fuente de mano de obra, la cual se mantuvo rígida durante todo el período señalado, a pesar incluso de la disminución creciente de la población encomendada. [4] Aunque  de acuerdo a los antecedentes que nos proporciona Gabriel Salazar tendríamos que agregar, que la encomienda no fue el único sistema colonial de trabajo, ni menos los indios fueron los únicos trabajadores. Nos menciona que ese fue el sistema de elite, pero no “un sistema económico dominante”. Al respecto, señala que,  en nuestro país “el 40% de los conquistadores fueron agraciados con encomiendas en la primera distribución. Este porcentaje cayó en 1575 a un 16.3% en el Obispado de Santiago”. Menciona que debemos tener presente, para esa fecha la incorporación de los esclavos negros (3.000) “y un número determinado de mestizos y españoles pobres que trabajaban para los colonos, de manera que el porcentaje de indios encomendados sobre el total de la fuerza de trabajo debió ser apenas del 20%”. [5]

A pesar del aumento de población mestiza, que podría haberse incorporado a la estructura laboral, se recurrió formalmente a partir del siglo XVIII, fundamentalmente por la tacha de ilegitimidad que recaía sobre ellos, y por los prejuicios que tenía la clase patricia chilena, al verlos como desclasados, renuentes a llevar una vida dentro de los márgenes tradicionales, poco dados al trabajo, más bien a la ociosidad. A propósito de ello, en 1549, una real cédula estableció que:

 

...los hombres ilegítimos no podían ocupar un cargo público sin un permiso especial de su Majestad. En 1552 se decretó que los que desempeñaban un oficio manual no podían ser corregidores de indios. Ni podían ser oficiales. Ni vivir en los pueblos de indios. No podían ser investidos como sacerdotes, a menos que obtuviesen una autorización especial. Es decir, sólo  podían ser trabajadores manuales asalariados, o chacareros pobres.[6]

 

Esta situación evidentemente contribuyó a un proceso de desfuncionalización del mestizo especialmente. Como dice Carmagnani rompieron los lazos que los unían con el resto de los grupos funcionalizados en el sistema social. Fue así como se apartaron del sistema social y económico, se transformaron en un verdadero paria de la sociedad; se dedicaron al robo en las haciendas y en los distritos mineros.

 

Y en este maligno oficio han cobrado tanta destreza y osadía que se llegan a robar los rebaños enteros de ganados de lana, las engordas de cabras y las manadas de cabras y caballos; no hurtaron como en otras partes para suplir la urgencia de la necesidad, sino que robar para negociar con lo robado y para dar fomento a los vicios. [7] (Lo mismo ocurrió, con los marginados mineros, que) hurtan metales, llancar las minas y cauzar y hacer otros notables insultos. [8]

 

A pesar de los intentos de la Corona de incorporar a los mestizos a la vida social y laboral, por medio de instancias legales y coercitivas, siempre se mantuvieron como un grupo ajeno, marginado, fuera del sistema social. Los que ingresaron a ese sistema, lo hicieron a partir de la normativa legal, aprobada en 1555, y que ordenaba la enseñanza de algún oficio manual a los mestizos, y se les obligaba a vivir de él. Como complemento se dictaminó “que los individuos que no tuvieran residencia ni oficio debían ser forzados a vivir en villas que se debían fundar a ese fin”. [9]

En el siglo XVII, las autoridades fueron más flexibles con la gran masa de mestizos marginados, al intentar incorporarlos, a pesar de las primeras reales cédulas que por su tacha de ilegitimidad, se los marginaba. La razón del porqué los “empresarios” se mostraron renuentes en contratar a los vagabundos, o a los sin oficio conocido, principalmente porque preferían a los indios y a los negros, por ser seres dependientes, esclavizables, y porque la “inversión” laboral, podían recuperarla a través del tiempo. 

Dada la disminución  de mano de obra india y negra, los “empresarios” agrícolas y mineros tuvieron que recurrir obligatoriamente al grupo de marginados, integrados en su mayoría por pobres, delincuentes y desocupados, que transitaban por todo el territorio nacional. Éstos últimos pasaron a ser definidos conforme al estereotipo del “vagamundo mal entretenido”, o como un delincuente potencial. No es extraño que, en 1663, se decretara “que ningún individuo de baja condición social podía portar armas, ni de tipo contundente, cortante, ni de fuego”. [10] A pesar que los bandos iban dirigidos directamente contra los delincuentes, también la norma recayó sobre los pobres que no eran delincuentes. “Pertenecer al bajo pueblo, aun cuando se poseyera una pequeña propiedad rural o se desempeñase un oficio manual, equivalía a perpetrar un pre-delito”. [11]

La masiva exportación de la producción de trigo al Perú, durante el período colonial  fue la coyuntura económica que influyó en la incorporación de los marginados como mano de obra en la estructura social y laboral vigentes.

 

A partir de ese momento, silenciosa, gradual, pero sostenidamente, las masas vagabundas comenzaron a ser reclutadas por el sistema económico central de la colonia. Ni la Iglesia ni el rey, ni las autoridades locales intentaron frenar el reclutamiento, ya que ni sus esquemas ideológicos ni su soberanía estaban diseñadas para regir grupos marginales y formas laborales de ajuste local. Sin embargo, fueron los mismos colonos pobres y los mestizos quienes se opusieron a ello. [12] (En las áreas campesinas y en los distritos mineros, la incorporación de los marginados fue a través del peonaje y el inquilinaje).

 

Tomando en consideración algunos relatos, podemos hacernos la idea de una incorporación violenta y de recelo hacia la única fuerza capaz de hacer frente al desbalance estructural de mano de obra –los marginados-. Refiriéndose al enrolamiento masivo, se habla de “nubes de mendigos”, de “plagas devoradoras de frutos” que iban de una hacienda a otra solicitando empleo, de “lobos merodeadores” orillando las grandes ciudades en busca de posibles revueltas y saqueos. [13]

Dada las condiciones económicas estructurales, los hacendados y los propietarios de minas, sólo estaban en condiciones de contratar a los marginados en forma ocasional, y por un escaso salario carente de nominación real, el cual debía ser gastado dentro del ámbito de las pulperías mineras y de las haciendas.  En cuanto a la incorporación del peonaje minero, los primeros intentos de funcionalización laboral fueron a través de dos mecanismos: la “dobla” y el “préstamo o aprovechamiento de labor”.

Los orígenes de la dobla los encontramos en los distritos mineros de Potosí, en los cuales se autorizaba a los indios a “extraer todo el metal que pudiesen desde la noche del sábado hasta la madrugada del lunes, debiendo ceder 1/3 de los metales extraídos al dueño de la mina”, y el préstamo de una labor, “consistió en el aprovechamiento de una veta  en determinados días sin señalamiento de ellos, mientras sea su voluntad”. Estas modalidades fueron semejantes a las utilizadas por los hacendados, para atraer al inquilinaje, conocidas como “préstamo de tierras”.

Sabemos que estas no fueron las únicas formas de incorporación y de atracción de la gran masa marginal, excepcionalmente se empleó el salario. “Existían peones mineros indígenas contratados, asentados, con un salario anual que, fluctuaba entre los treinta y los cinquenta pesos, y uno que otro mestizo contratado por 6 pesos mensuales, es decir, $72 anuales”. [14]

A pesar que, el salario sirvió de incentivo, para atraer al ingente número de marginados, el comportamiento marginal siguió manteniéndose. Así tenemos que los empresarios se quejaban de los frecuentes robos de que eran objeto de parte de los peones mineros. Señalaban que perdían más de la mitad del mineral, “porque los trabajadores, que son los únicos que pueden entrar en la mina, esconden las piedras más ricas que allí encuentran. Costumbre conocida  con el nombre de cangalla”.

Tomando en consideración las memorias de gobernadores e intendentes,  los periódicos y las descripciones de los viajeros, podemos certificar la importancia que adquirieron los robos, tanto en los distritos mineros, como en las zonas portuarias y agrícolas, lo que en parte generó en las autoridades y los “empresarios” una presión excesiva hacia la gran masa de marginados, reflejado principalmente en las condiciones extremas de trabajo, en el reducido y casi inexistente salario, en el endeudamiento de por vida y en el mal trato. Estas presiones, a su vez tuvieron como corolario el rechazo y la huida de los peones, hacia otras regiones del país.

La huida de los peones llevó a los “empresarios” a exigir de las autoridades sanciones drásticas en contra de los fugados por deudas. De allí la importancia que adquirieron algunos cuerpos policiales creados con el fin de perseguir estos delitos, y al mismo tiempo el establecimiento de una normativa policial especial. Además se  creó un sistema de salvoconducto, conocido como “boleta” o “pasaporte”, entregado primero por el “empresario” y luego por los oficiales reales, a objeto de fiscalizar las personas “que entraban y salían del distrito minero con el fin de precaver la fuga de los que adeudan salarios y precaver la entrada de ladrones de minerales”. [15]

El salvoconducto se convirtió en un instrumento legal de confianza para el peón que quería  alquilar su trabajo a cualquier empresario minero, al prohibírseles que “pasen de un dueño a otro ni hagan segundo concierto sin llevar papel del amo de cuyo servicio sale por el que conste no deverle cosa alguna y tener cumplido el tiempo de contrato”. [16]

Esta situación fue modificada con el ingreso de empresarios extranjeros, que introdujeron definitivamente el salario como forma de pago real a los peones, así nació el peonaje asalariado en nuestro país, situación que no estuvo exenta de polémica, ya que se encontraba en activa contraposición a los ideales empresariales criollos, que se resistían al peonaje marginal y asalariado, por el estigma de viciosos y malentretenidos. En cambio, los empresarios extranjeros no tuvieron temor en contratar esa masa de desempleados chilenos, que incluso valoraron por su destreza física y su capacidad creativa. [17]

A pesar de todos los resquemores del patriciado criollo, la contribución peonal en el desarrollo económico fue fundamental, e incluso también en momentos en que la soberanía nacional se vio seriamente intervenida, como fue la Guerra del Pacífico. Al respecto, después de esta contienda:

 

...el roto chileno, dejó de ser el lobo estepario o el incómodo merodeador nocturno que inquietaba a los propietarios de 1830 o 40...En 1900 era evidente que el peonaje estaba ocupando un ancho lugar en la conciencia histórica de la clase dominante, donde inspiraba confusos sentimientos de temor, admiración y  remordimiento. [18]

A pesar del paso del tiempo, y de la funcionalización laboral de una parte de los mestizos inquilinos y peones, un sector importante se mantuvo ajeno al modelo de orden social, establecido por la Corona española, y luego por el Estado republicano. Situación que explicaría la frecuencia de asaltos y  robos de ganado en las zonas productoras, tanto en la zona Central y Sur del país.

 

En los delitos de asalto como en los de abigeato, predominaban los bandidos provenientes del estrato de “gañanes”; es decir, individuos sin propiedad de tierra ni posibilidad de acceso estable a ella –o a un uso consuetudinariamente estable, como en el caso de los inquilinos –carentes de un trabajo permanente y calificado. Su vida laboral se desarrollaba en cualquier parte y forma donde se necesitara mano de obra, especialmente en los trabajos agrícolas de temporada. [19]

 

Aparte de los inquilinos y peones, la categoría de labradores, “pequeños campesinos minifundistas, cuya propiedad era muy reducida y cuya producción se destinaba, en su mayor parte al consumo”,  también participaron en los asaltos y robos. A veces, las tres categorías laborales aparecieron integradas en estas conductas. Fue habitual que los inquilinos prestaran sus dominios para faenar los animales robados, para después ser comercializados.

A pesar que los inquilinos disponían de cierta seguridad de subsistencia, igualmente participaron de los robos de animales vacunos y caballares, mucho más que en asaltos a mano armada. Situación parecida vivieron los peones y los gañanes, los cuales también trabajaban en el campo, pero con un carácter más temporal.

Dentro del grupo de los bandidos también podemos detectar a los trabajadores de las obras públicas, ya sea en la construcción y mejoramiento de caminos, puentes y tendido de la línea férrea (carrilanos). Éstos últimos generalmente se especializaron en robos y salteos a mano armada, ya que se trataba de trabajadores que venían de otras regiones, por lo que no tenían un conocimiento acabado de la localidad, limitando el faenamiento, consumo y venta de animales robados. [20] Otro grupo de marginados, lo constituyeron los “soldados desertores” de la Guardia Municipal o del Ejército, provenientes de estratos populares, que se decidieron por el comercio ilícito: la venta de carne robada. [21]

Estos grupos se caracterizaron por tener sus propios códigos sociales, diferentes a los grupos funcionalizados, para ellos fue normal recurrir al pillaje, sobre todo cuando la necesidad así lo exigía, en períodos de escasez de trabajo, lo suplían con el robo de especies de valor como dinero, joyas, metales preciosos, animales que luego reducían. El robo les proporcionaba ingresos extras que difícilmente conseguirían trabajando honradamente e integrándose al sistema laboral. [22]

 

Las Mujeres y la Marginalidad Social

 

Para completar el cuadro de la marginalidad social debemos incorporar el alto número de mujeres peonas, que se incorporaron de diferentes formas en la estructura  laboral, y que incluso superó numéricamente al peonaje masculino. Podríamos decir que su labor se concentró en las actividades familiares de subsistencia, tales como las de producción y comercio independientes. Las actividades artesanales, preferentemente textiles ocuparon un lugar importante, tanto en el campo como en la ciudad.

En el siglo XIX, con la etapa pre capitalista, la mujer debió trasladarse a las ciudades, pasando a engrosar las zonas suburbanas, y con ello, dejó un poco de lado la actividad textil, para dedicarse de preferencia al pequeño comercio, ya sea “venta de comidas, bebidas, albergue y entretención a campesinos de paso y a peones itinerantes. Más tarde, esas ventas se harían extensivas a marineros y artesanos extranjeros, sobre todo en los puertos”. [23]

La actividad peonal de la mujer, fue objeto de fuertes críticas, como en su momento le ocurrió al género masculino. Fue la clase patricia, la que tuvo las mayores aprehensiones, y con ella la Iglesia.  A raíz de ello, comenzaron a sufrir el rechazo y la represión de la sociedad en general: la persecución de las “chinas”y de las “aposentadoras de malvados”, que afectó sólo lateral y exiguamente al peonaje masculino. [24] Algunas fueron extraditadas al sur, a los fuertes de Valdivia por ejemplo, se les acusó de adúlteras, amancebadas o de prostitutas. Las que eran madres, se les arrebató a los hijos, “por carecer de idoneidad moral”, para criarlos. Estos niños sin padre se les conoció con el nombre de “huachos”, quienes ahora perdían a sus madres. Por lo general se acomodaron como sirvientas en hogares de la elite patricia.

 

La personalidad histórica de la mujer de pueblo se forjó, en un proceso de situaciones límites cambiantes. Tuvieron que combinar la vida de familia con el amancebamiento transitorio, la independencia empresarial con la servidumbre personal, la producción artesanal con la prostitución, la sedentariedad con el nomadismo, la crianza de grandes familias con el infanticidio, el comercio legal con el ilegal, la resignación mendicante con el desacato y la agresión, y la humillación en la delincuencia subversiva. No es extraño encontrar en las mujeres de pueblo del siglo XIX (en vista de tales experiencias) un desarrollado sentido práctico, una sorprendente independencia moral y afectiva, iniciativa empresarial y, en particular, una temprana audacia política para reclamar sus derechos y reivindicar su ostensible status de jefas únicas de extensas familias frente a las autoridades locales y a la burocracia estatal. [25]        

 

En la fase industrial, la mujer encontró cabida en la confección y venta de ropa, en su casa y en la fábrica. Esta fue la etapa de incorporación a la estructura laboral asalariada, “más o menos libres de las presiones extraeconómicas que había creado la servidumbre femenina del pasado”. [26]

 

El desarrollo industrial abrió así una oportunidad para que las mujeres de pueblo se cobijaran bajo el mismo techo económico que el peonaje masculino. Por fin, los dos peonajes se reencontraron, pudiendo esta vez levantar familias populares completas, sedentarias, estables, es decir, familias proletarias. [27]

 

Como lo mencionamos, la actividad que más ocupó a las mujeres fue el pequeño comercio, “fueron las principales abastecedoras de pan de las ciudades”, recorrían las calles, plazas, faenas públicas, fondas y caminos vendiendo su producto. “Solían abastecer los hospitales, los cuarteles, los buques, los bodegones, las casas solariegas y los transeúntes. El pan que fabricaban lo llamaban pan de mujer y las autoridades lo clasificaban como del ordinario para los peones”. [28] También se dedicaron a la venta de alimentos (las vianderas), las cuales instalaron cocinerías y fritanguerías. “Vendían empanadas, pan frituras de todo tipo, cazuelas, frutas, verduras, helados, pasteles y bebidas alcohólicas”. [29]

La clase patricia también manifestó su rechazo contra las mujeres peonas, dedicadas al pequeño comercio, las llamaban peyorativamente “aposentadoras de vagos, ladrones y malhechores”, pero también prostitutas, adúlteras o corrompidas. Muchas de ellas habían sido abandonadas por sus maridos o convivientes, por lo que debían buscar el sustento para ellas y  sus hijos, recurriendo a todo tipo de trabajos.  En este ir y venir fueron habituales las relaciones adúlteras o amancebamientos permanentes o temporales. Ellas “desarrollaron una concepción sorprendentemente liberal acerca de las relaciones de pareja”. [30] Con relación a esto, en 1836, el Presidente de la República, Joaquín Prieto prohibió en todo el país el establecimiento de ramadas en días de pascua, celebración de santos patronos y el corpus cristi, por considerarlos un atentado a la moral y a las buenas costumbres. En una de sus partes dice textualmente:

 

...formando habitaciones provisorias a que se da el nombre de ramadas, y en que se presenta un aliciente poderoso a ciertas clases del pueblo para que se entreguen a los vicios más torpes y a los desórdenes más escandalosos y perjudiciales: de que por hábito irresistible corrompen a personas de todos sexos y edades, resultando la perversión de unas y la familiaridad de otras con el vicio. [31]

 

[En los años siguientes siguen aprobándose decretos y bandos que prohiben a las mujeres ejercer libremente un oficio]. Las autoridades responsabilizaron a la mujer de pueblo por la sociabilidad abierta que existía en los suburbios, y en una relación cualquiera de amancebamiento o de adulterio, la parte femenina fue considerada más culpable – y por tanto, acreedora a un castigo mayor –que la masculina...Después de 1820 la deportación por adulterio o amancebamiento se aplicó casi exclusivamente a la parte que toca a la mujer”. [32]

 

A finales del siglo XIX, las empresas independientes creadas por las mujeres empezaron a decaer por efecto de la oposición y represión abierta de la autoridad.  Dada la situación, tuvieron tres alternativas, dedicarse a la actividad asalariada lícita, principalmente de sirvientas, cocineras, costureras, etc.; a las labores de esposa y de madre y a la prostitución.

Las autoridades usaron  todos los medios posibles, para que las mujeres se integraran al modelo social  de orden  establecido, aunque igual que con el peonaje masculino,  hubo un grupo de mujeres que se resistieron, no se adecuaron a este ordenamiento, las cuales mantuvieron una vida  ilícita, al margen de los cánones establecidos –las prostitutas-, y las que sin serlo, llevaron una vida transgresora sexualmente.

A propósito de lo anterior, en 1849, el Intendente de Aconcagua expulsó de Valparaíso a “un gran número de mujeres corrompidas, y las que sólo sirven para desmoralizar la población. Las deportadas fueron enviadas al interior del valle de Aconcagua”, [33] también a Valdivia y a la Araucanía.

 

 

 

 

 

Comportamientos Psicosociales del Peonaje

 

Como se ha mencionado, la actitud que tuvo el grupo dirigente con relación al mestizo fue de marginación, o de aislamiento en lo socioeconómico y laboral, por motivos ancestrales o de orígenes, ya que como sabemos el ideal de persona fue el de sangre pura, no contaminada. No existió tolerancia sobre las mezclas, menos por aquel que no se mostraba ni blanco ni indio, de origen ambiguo, fruto de la ilegitimidad, de un orden alternativo, que contradecía completamente con el modelo de orden social tradicional español, propugnado por la Iglesia y por la Corona.

Sobre el grupo mestizo recayó en gran parte el estigma social, de ladrones, vagabundos, desadaptados, viciosos, de malas costumbres, en general de perturbadores del orden público. Se les acusó de vivir amancebados, de no tener proyecto de familia, y si la tenían, la vida familiar era muy precaria, le entregaban la tarea a la esposa, la cual debía encargarse de los cuidados e incluso de la mantención. Su mayor preferencia fueron las relaciones entre sus iguales, entre los compadres, hacia ellos sentían plena adhesión.

Si consideramos estas descripciones, nos podemos hacer la idea, de estar frente a un grupo desfuncionalizado social y económicamente, no por un comportamiento deliberado de querer ser diferente, sino porque se fue modelando de acuerdo a las circunstancias históricas, y porque la elite social, los rechazó, los discriminó, por una cuestión de estereotipo tradicional. Ante el rechazo, surgió una actitud de rebeldía reflejado en una desadaptación constante, que podríamos asociarlo al establecimiento de un orden alternativo, que reflejó la realidad del grupo, por ejemplo, en cuanto a la alteración de la estructura familiar.

 

Antecedentes de la Marginalidad Social en Osorno

           

Podemos decir que, todos los aspectos descritos acerca del peonaje femenino y masculino en las zonas mineras y agrícolas, los podemos proyectar al área rural y urbana de Osorno, ya que también encontramos características de desfuncionalización de estos grupos, tanto en el plano laboral como social, por ello, el alto porcentaje de robos, especialmente de animales y especies diversas, además de otros comportamientos sociales, considerados como contrarios al modelo social, tales como la prostitución, el alto consumo de alcohol, las transgresiones sexuales, la ilegitimidad, el escándalo público, los asesinatos, entre otros, lo que nos hacen pensar también en la proyección de un orden social alternativo, propio de los grupos marginados, distinto al establecido por las instituciones tradicionales, como la Iglesia, la monarquía, y más tarde el Estado republicano.

Debemos considerar algunos hechos puntuales que contribuyeron al desarrollo de la marginación social en nuestra localidad, que en algún sentido fueron diferentes a la desfuncionalización del peonaje de las zonas mineras y  agrícolas, de la Zona Central y del Norte Chico, entre ellas, el desfase en el desarrollo del peonaje en las regionales señaladas con las del sur. Lo fundamental, para nuestra localidad fue el inicio tardío del proceso repoblador de 1796. A partir de allí, se iniciaron las actividades económicas, fundamentalmente  agropecuaria y artesanal, con colonos dedicados a esos oficios, y traídos de la zona central, pero integrados  a una familia y a una actividad laboral. No obstante,  debemos tener claro que, más que el peonaje y el inquilinaje,  primero aparece el “propietario”, estimulado por la Corona, que proporciona a cada colono una porción de tierra, primero 25 cuadras de terreno que debían cultivar y una cantidad de animales. Gracias al fomento productivo, la compra de terrenos y de ganado fue creciendo, lo que originó la concentración de la gran propiedad en algunos colonos, aquellos que tenían una mayor capacidad económica, así nació la gran propiedad o el latifundio. El crecimiento de la gran propiedad estuvo unido con la contratación de mano de obra: inquilinos y peones agrícolas.

En cuanto al peonaje, también fue en su mayoría de carácter estacional, se requirió de un mayor número en períodos de siembra y de cosecha. Dada la situación de “inestabilidad” laboral, de este grupo se acentuó un comportamiento social que escapó al orden social, esperado por las autoridades gubernamentales y religiosas. Tomando en consideración, la documentación pública y la prensa periódica nos informan acerca del alto porcentaje de delincuencia de una parte importante de la sociedad, la cual podemos encasillar dentro del grupo de los peones y gañanes, de condición sociorracial mestiza e india, y la mayoría con antecedentes de ilegitimidad.  También podemos integrar a los vagabundos, sin oficio conocido, dedicados a la mendicidad y al robo de las especies menores.

Desde el período colonial tenemos antecedentes de la existencia de vagabundos en todos los Reinos del dominio español,  demostrándonos que a pesar de los intentos de represión sobre este grupo, igualmente siguieron existiendo, y siendo considerados una lacra para la sociedad. En un memorial sobre el grupo político del Reino de 1782, encontramos una alusión a los vagabundos, señalando por ejemplo que en Holanda se los “encerró” en casas públicas habilitadas especialmente para ellos, en las cuales se les enseñó diferentes oficios y se los hizo trabajar. Se menciona además la conveniencia de mantener las ciudades lo más fortificadas posibles, y custodiadas por milicianos, los cuales se encargarían de custodiar los barrios, para evitar la entrada de gente ociosa, sin oficio. Refiriéndose a los milicianos:

 

...los quales ayan de preguntar a qualquiera persona que biniere de fuera de donde viniere y a donde va donde a de posar de la misma manera y si pudieran tomar las señas por mejor la tomen y pongan y a la noche las envien a el alcalde a cuya quenta estuviere y al alcalde, al arzobispo, governador, del Consejo y el a V.M. [34]

 

A propósito del gran número de vagabundos en la ciudad y a lo largo de la República, encontramos un decreto supremo expedido por el Presidente de la República, Manuel Bulnes a los intendentes, referido a la proliferación de vagabundos y a su influencia negativa sobre la sociedad, señala textualmente:

 

Para evitar que los vagos vivan de la caridad pública, confundidos con los verdaderos pobres, por lo cual se ha aumentado en extremo el número de esos miembros estériles y nocivos de la sociedad que las leyes de acuerdo con la saña moral y la política, prohiben que se tolere la continua holganza como móvil principal de todos los vicios y delitos y contraria el interés de las verdaderos indijentes a quienes usurpan el sustento; y siendo necesario ademas averiguar el número de personas de ambos sexos que en cada departamento reclama justamente el ausilio....Ha venido en decretar el artículo número 1: Ningun individuo, cualquiera que sea su edad y sexo puede mendigar públicamente sin tener licencia por escrito del respectivo gobernador del departamento en que reside.

           

[El artículo número 4] prohibe mendigar en los pueblos en que existía el oficio de mendicidad, y por bando los gobernadores no concederan licencia en ellos a ningun mendigo para pedir limosna. [35]

 

En nuestra zona, los robos se concentraron tanto en el área urbana como rural, y de todo tipo, pero fundamentalmente de animales vacunos, conocido con el nombre de abigeato.

El modo de operar de los ladrones, fue más o menos el mismo seguido en la Zona central. Se agrupaban en bandas que operaban en los campos, amparados por la oscuridad. En la ciudad, también fue frecuente el robo de animales, pero en su mayoría se trató de especies sustraídas en las tiendas o bien en casas particulares.

Otra de las causas fue el estado de pobreza en que quedó sumida la ciudad y toda la Región Austral desde 1820, al producirse la Toma de Valdivia, por Tomás Alejandro Cochrane. Sabemos que el hecho fue significativo en el afianzamiento de la independencia nacional, pero para el progreso económico y social fue negativo, porque el “desarrollo” alcanzado durante la repoblación tuvo que desviarse a la causa nacional, en que la gran mayoría de los bienes, como animales, trigo, plata y oro de los principales acaudalados de la zona fueron confiscados. Esta situación marcó el inicio de la crisis económica de la provincia de Valdivia y del departamento de Osorno.

La pobreza material originó la pobreza cultural y social, notándose un fuerte incremento de los vicios, como el alcoholismo, la prostitución, las relaciones transgresoras, etc. En lo demográfico, se produce también la emigración de una parte de la población hacia la zona central y a Chiloé, situación que se agravó con el correr de los años, por el estado de abandono  en que quedaron las provincias sureñas por parte del gobierno central. Hay otras situaciones inesperadas que también contribuyeron a trastornar la situación económica y social: los terremotos de 1835, 1837 y 1844.

Debemos incorporar otras causas que influyeron en el progresivo aumento de los delitos en la ciudad, tales como el “auge” productivo agropecuario, el crecimiento vegetativo y la inmigración de la población. El aumento de la actividad productiva trajo como consecuencia la llegada de un importante número de pobres de la Zona central, algunos de los cuales se integraron al trabajo en las obras públicas, otros engrosaron las filas de los vagabundos y delincuentes, lo cual contribuyó a agravar la situación delictual y de desorden social, que venía arrastrándose desde el período independentista.

En algunos casos, los robos fueron acompañados por actos de violencia, como los intentos de homicidios, o derechamente las muertes perpetradas principalmente con objetos corto punzantes, armas de fuego, hachas, machetes, etc. Los periódicos y los informes judiciales nos dan cuenta con lujos de detalles las descripciones de los hechos de violencia.

Con relación a ello, describimos el caso de un anciano que fue violentado en su propia residencia, el Sr. Ricardo Streibelein que a pesar de sus 75 años fue asaltado mientras dormía, y acuchillado con un arma blanca, con la intención de robarle dinero, hecho que no pudo concretarse. El relato que se hace del hecho es el siguiente:

 

El asesino se introdujo a la casa, rompiendo una de las ventanas del despacho que tiene...y ayudado de una lámpara que encontró en la pieza de habitación y que encendió se dirijió al dormitorio, arrojándose puñal en mano sobre el indefenso anciano que descansaba tranquilamente en su lecho...despertó a la primera puñalada, que recibió un poco debajo de la mandíbula inferior, causándole una ancha herida, trató de defenderse al mismo tiempo pedia auxilio A estas voces despertó la Sra. Viuda de Opitz arrendataria..., y corrió al balcón a pedir socorro, acudiendo luego el Sr. Guillermo Kapstein, quien fué en busca de la policía y poco después, el Sr. Pffuger y don Alberto Mûller que pasaban por ahí de vuelta del Hotel Blankestein. Cuando llegaron estas personas, ya el criminal habia emprendido la fuga, saliendo por la puerta del despacho. En la lucha que el desgraciado anciano sostuvo con el bandido que quiso quitarle la vida seguramente para facilitar el robo de dinero, recibió, además de la herida que hemos mencionado, tres heridas más una en la boca, otra en la mano y la tercera en el vientre. [36] Finalmente la policía detuvo al hechor, identificado como Carlos Yanke, “individuo de malos antecedentes”.

 

En los periódicos de la ciudad, encontramos prácticamente todos los días noticias alusivas a robos, lo mismo ocurre con la documentación judicial. Referido a esto, tenemos una noticia que relaciona la intensa actividad agropecuaria de la zona con la importancia que adquirieron los robos. Dice textualmente:

 

Osorno tiene su principal entrada, y tal vez la única fuente de riqueza en la cría y venta de ganados. Pero una porción de sus habitantes se ha conspirado contra ese único medio de prosperidad del departamento, apropiándose para siempre por medio del hurto de tal foco de entrada. Los rateros abundan de manera admirable. La propiedad de los vecinos se ve continuamente amenazada, continuamente desmembrada.

Es verdaderamente cosa que sorprende, pasar la vista por la nómina de delincuentes que existen en la cárcel de este pueblo: casi nunca baja de sesenta individuos. [37]

 

Otro testimonio nos relata la importancia que adquirieron los robos de animales, vistos como un tráfico más. Dice así: “La vida i la propiedad de sus pobladores se encuentran en la actualidad a merced de los forajidos que pululan en ellos. Los asesinatos i los incendios intencionales se repiten con una frecuencia que alarma, i en cuanto al abijeato se considera como un ramo comercial de lícito tráfico”. [38]

A propósito de lo mismo, se habla de una verdadera plaga de ladrones que se dejó caer sobre la ciudad, mencionándose diferentes vecinos que fueron objeto de robos en la ciudad, como don Jorge Aubel, y en sus chacras a don Francisco Guillermo Schencke, Augusto Hott, Augusto Hein y otros. Se señala además la escasez de policía y la falta de honradez de los efectivos policiales en el combate de estos y otros delitos. [39]

Los robos se realizaban a diario, y a plena luz del día, demostrándonos que los ladrones no temían ser capturados. Se señala que, el robo de animales anualmente ascendía a 2.000 cabezas, perjudicando enormemente el ramo, dado que el esfuerzo productivo iba a parar en manos de los ladrones. [40]

A pesar de la escasez de policías y al abundante número de robos de animales se intentó combatir el delito, con la persecución de los malhechores. En algunas oportunidades se logró la captura de él o los culpables, generalmente  se tenían escasos resultados positivos, si consideramos que los delitos no disminuyeron, al contrario, iban día a día en aumento, a raíz de la facilidad que tuvieron las bandas para robar, ya que si eran detenidos, se escapaban de la cárcel, o bien se les daba la libertad bajo fianza, porque el mantenerlos significaba una disminución de las rentas municipales, ya que era el organismo que tuvo a su cargo la administración. Textualmente:

 

Los robos de animales vacunos en este departamento deben evitarse por todos los medios posibles; los cuatreros pululan i los jueces de primera instancia tienen que usar la lenidad con ellos, poniéndolos en libertad bajo fianza, por cuanto si no se adoptara este procedimiento no alcanzarían las escasas rentas municipales para sostenerlos. Existen en la actualidad treinta presos i la mantención diaria de cada unos cuesta, según contrata siete centavos; por consiguiente hai que abonar al contratista sesenta i cinco pesos diez centavos mensuales. Ahora, recojiéndose el crecido número de ladrones que permanecen fuera de la càrcel, seria imposible cumplir con la contrata.

 

Se menciona también el aumento de los robos en los campos, situación que perjudicó enormemente el proceso inmigratorio alemán, y con ello, el rubro ganadero porque el esfuerzo productivo iba a parar en manos de los ladrones. Para frenar el tráfico ilícito se introdujeron las marcas en los animales y en los cueros. [41]

 

Se ha dispuesto que todo cuero para que se pueda sacar al mercado á de llevar impresos una marca particular señaladas por el cabildo, sín cuyo requisito puede comprarce esta especie ni entrarce del departamento. Al cumplimiento de esta disposición se á destinado un sujeto dotado con dos centavos por cada cuero, con la obligación de sentar en un libro el nombre de quién solicita la marca, el color de la piel, í marcas que contenga al tiempo de marcarse. [42]

 

La mayoría de la documentación pública del siglo XIX, se menciona la verdadera catástrofe social y económica que significó el robo de animales. Las autoridades dan cuenta del daño que significó al ramo ganadero, y a la convivencia y orden social. La situación la describen como una verdadera enfermedad que se enquistó en la sociedad. Se mencionan varios factores, entre ellos: la escasa policía, la benevolencia de los reglamentos de policía y de  orden, y su escasa aplicabilidad, lo reducido de la infraestructura carcelaria para mantener el gran número de delincuentes, facilitando la evasión de los detenidos, la relajación de las costumbres y la escasez de valores morales. A esto, debemos incorporar también las limitaciones del mercado laboral, al dar cabida sólo a unos pocos trabajadores, quedando la mayoría relegados a la miseria más extrema, y propensos a la incubación de malos hábitos y vicios, como la delincuencia, la embriaguez, las riñas, la prostitución, el juego, etc. Aparte de la incubación de estos males, también tenemos las escasas expectativas de constituir una familia duradera y dentro de la licitud, la mayoría se trataba de hombres y mujeres que vivían al filo de la ley, es decir, del orden social establecido por el Estado y la Iglesia, eran como parias sociales, seres marginados por los principales grupos, y por ellos mismos.

Cuando la situación se hizo casi insostenible, el Estado y la Iglesia utilizaron la coerción, el acorralamiento, el exterminio, y cuando esto no fue posible se intentó  la incorporación laboral y económica a medias, sólo los que consintieron integrarse, el resto quedaron deambulando por el territorio nacional.

 

Con relación a la permanencia en el tiempo de estos comportamientos “desviados”, tenemos un documento que hace alusión al bandidaje:

 

...va tomando dia a dia mayor incremento en la comuna. Casi diariamente llegan a esta alcaldía quejas de los vecinos lamentando la pérdida de algún animal, muerto por manos de los ladrones. Los malhechores, contando con la impunidad de sus delitos, se envalentonan i no respetan ya propiedad, llegando algunos a tener la audacia de traficar, a luz del pleno dia, por los caminos públicos con una o mas parejas de animales robados. Los perjudicados, que jeneralmente, son personas de escasos recursos, no pueden acudir oportunamente a esa ciudad a pedir el auxilio de la jendarmeria para pesquisar a tiempo el delito. La poca policia de area no basta para reprimir el mal. La accion del Cuerpo de gendarmes, en esta, no se deja sentir como la situación lo requiere, ni puede haserlo, lo que es de lamentar por la apartada distancia a que nos encontramos. Esta circunstancia alsa a favor de la jente mala, que sabe aprovechar, con grave daño para los propietarios. En vista de la situación tan dificil me permito insinuar a US la idea de establecer en esta comuna un destacamento de avanzada de la jendarmeria en el punto que US tubiere a bien designar. A mi juicio este seria el unico medio de cortar el mal. [43]

 

Durante todo el siglo XIX, la actividad delictual en la ciudad y en el resto del país se mantuvo con altos índices, por eso también se organizaron nuevas fuerzas policiales y los reglamentos relativos a su funcionamiento y a combatir delitos se hicieron cada vez más estrictos.

Uno de los primeros reglamentos de policía que rigió a nivel nacional, data del siglo XVIII, y tiene sus antecedentes en un Bando publicado en 1775 por el virrey de México en contra del uso de armas cortas. Este bando se complementó además con una real orden de 1779, que alude directamente a los soldados que se le sorprendieren por tercera vez, cometiendo cualquier acto ilícito, ya sea  juego, robo y embriaguez, se les seguiría consejo de guerra, teniendo como vía de corrección, las  obras públicas o el presidio; también se hace extensiva la normativa a los taberneros que permitieran el consumo excesivo de alcohol en sus tabernas, sólo se permitía la venta, para llevar y el consumo de paso. Para nuestro país,  señala específicamente la prohibición estricta de cargar armas en el cinto, “y mandando que al que va a caballo y le sea preciso para alguno caso la lleve en el lomillo o silla del cavallo y si lleva carreta vaya colgado en ella con lo que se evitarían enteramente muertes y heridos”. Esta normativa se complementa con la establecida en las  primeras décadas del siglo XIX, que dice relación con la prohibición del porte de armas especialmente las armas blancas, que según deducimos era habitual portarlas. En 1882 se toma en consideración para la provincia de Llanquihue, señalando los siguientes artículos:

 

Artículo 1. Queda prohibido absolutamente desde la publicación de este decreto cargar cuchillo, puñal, daga, baston con estoque i toda arma corta, asi en la capital como en los demas pueblos del estado.

 

Artículo 2º. No son comprendidos en el artículo anterior los carniceros, pescadores, verduleros i toda persona cuyo ejercicio necesite precisamente el uso de estas clases de armas; pero sólo podrán llevarlas en el momento de vender sus productos.

 

Artículo 3º. La persona que se encuentre con alguna de dichas armas, destinada a los trabajos publicos por dos meses i ademas perderá lo que se le hablare.

 

Artículo 4º. Por solo el acto de sacar cualquiera de dichas armas con mira alguna ofensiva incurrira en la pena de un año de trabajos publicos.

 

Artículo 5º. La persona que hiciere, aunque sea levemente, con alguna de dichas armas, será destinada por dos años a los mismos trabajos.

 

Artículo 6º. El que haga uso en pelea a cualquier clase de armas o de instrumentos ya sea palo o piedra será destinado por seis meses a los trabajos públicos. [44]

 

A finales del siglo XIX, encontramos otra mención a la organización y administración policial, que da cuenta del escaso número  de personal policial con relación al aumento de población, detallando un total de 8.000 habitantes, de los cuales 6.500 eran habitantes urbanos, con un total de 690 causas presentadas en el Juzgado de Letras, las cuales se dividen de la siguiente manera: causas criminales 280, causas civiles 401 y 9 causas en apelación, fuera de las causas falladas que corresponden a 319. [45]

En 1887 se estableció una ordenanza General de Policía que rigió a toda la república, relativa a los establecimientos y lugares de venta de bebidas destiladas o fermentadas, entre las principales normas se destacan entre otras: la vigilancia de la policía  en todos los lugares habituales de venta de bebidas alcohólicas, como los cafés, restaurantes, tabernas, fondas, pulperías y otros lugares de venta de comida. Los dueños de estos locales tenían la obligación de mantener las ventanas libres de cortinas o cualquier otro material que dificultara la visual. Se establece el horario de atención de estos locales ubicados en el área urbana, desde las 6 de la mañana a las 12 de la noche, y en las zonas rurales, desde la salida hasta la puesta de sol.

La ordenanza contempló la prohibición de vender licores y bebidas fermentadas en teatros, circos y otros lugares públicos de diversión y en los trenes de Ferrocarriles. También se prohibió el expendio en calles, plazas, caminos y otras vías públicas, especialmente a los menores de 16 años de edad.[46]

Los robos fueron un grave problema que tuvieron que enfrentar los pobladores, pero también hubo otros, como los desórdenes, las peleas, asesinatos, prostitución y juegos, que se dieron habitualmente en la sociedad osornina.

En cuanto a la prohibición de los juegos, se emitió una circular de 1847, señalándose:

 

...se perseguirán a los jugadores de suerte y azar con el mayor celo y actividad, ya sea que los juegos tengan lugar en garitos, o casas de establecidas con este objeto; en otras que no están esclusivamente destinados a el, ya en las calles y demás lugares públicos....Los dueños de casas donde se sorprendiera el juego, los gariteros y jugadores serán sometidos a la justicia para su juzgamiento....Los intendentes, jueces letrados, comandantes de serenos, subdelegados e inspectores se encargarán especialmente de perseguir y aprender a los jugadores. [47]

 

Entre otras razones del aumento de los actos delictuales se mencionan el “auge” productivo agropecuario y el aumento de la población. El aumento de la actividad productiva, trajo como consecuencia la llegada de un importante número de población flotante, la mayoría delincuentes de la zona central, la presencia de un importante número de pobres y la ineficacia  de la policía en el combate de la delincuencia.

A lo largo del tiempo, los bandos de policía se intensificaron, e incluso se fueron ampliando. Al respecto, tenemos la aprobación de un Reglamento de Orden y Seguridad de 1883, formado por 95 artículos, referidos en su totalidad a la ebriedad, las peleas, las actitudes sospechosas, la vagancia, los juegos de azar, los disparos, el establecimiento de chinganas, y otros.

 

Alteración del Orden Público

 

Como hemos venido repitiendo, de los hechos delictuales que revistieron mayor gravedad fueron los robos, pero también hubo otros comportamientos sociales que se dieron simultáneamente, como los desórdenes en la vía pública, generados por la ingesta excesiva de alcohol en los lugares públicos, ya sean tabernas, chinganas, o en las calles Al respecto tenemos, un gran número de noticias policiales, ya sea en los periódicos y en los documentos públicos, en donde se hace notar estos comportamientos contrarios al modelo de orden social.

 

Algunas noticias nos señalan:

 

En muchos despachos vemos diariamente grupos de individuos en completo estado de embriaguez que lo pasan formando desórdenes hasta horas avanzadas de la noche. Además de las molestias consiguientes que tienen que sufrir los vecinos con estos abusos de los dueños de despachos de licores se vé frecuencia de espectáculos desonestos e inmorales, pues sin ninguna consideración ni respeto de nadie, esos individuos cometen actos indecentes en la calle pública.

 

Los lugares más frecuentes de venta de bebidas alcohólicas y apuestas fueron los garitos, o llamados también clandestinos. En los periódicos, fue frecuente la denuncia de los vecinos respecto de lugares ilegales, en las calles Mackenna y en el Damas. Refiriéndose a la calle Mackenna “En este lugar se reúne jente de lo peor que despues de jugar hasta el último centavo, salen á la calle completamente ebrios formando desórdenes de todo jenero, y molestando la tranquilidad pública. [48]

Relacionado con lo anterior, encontramos otra noticia rotulada “Tahures”, en que se señala la detección de un grupo de jugadores en una casa particular, de la calle Moreno. Textualmente: “Después de haber el dueño de casa limpiando los bolsillos de sus parroquianos, estos le quisieron arrebatar dinero formándose un alboroto que terminó con todos en el cuartel”. [49]

 

Asesinatos y Riñas

 

La mayoría de los homicidas se inscribieron dentro de la categoría de gañanes o gente sin oficio, aunque en la década de 1890 encontramos a gente considerada de la clase alta, especialmente agricultores, involucrados en muertes de personajes importantes de la ciudad.

La mayoría de los homicidios fueron perpetrados por asesinos solitarios, en contadas ocasiones participaron más de dos individuos. En la mayoría de los casos, la influencia del alcohol fue la causante de las riñas, que posteriormente desembocaron en asesinatos, pero el móvil casi siempre fue el robo y la venganza.

Podemos citar el asesinato de un trabajador de las faenas del ferrocarril en la sección de Trumao, en manos de un asesino que utilizó un arma blanca, para apuñalar el estómago y un hacha para rematarlo. [50]

Por efectos del alcohol se produjo la muerte de un individuo, producto de una pelea a garrotazos. [51] El alcohol también fue el causante de un crimen camino a Cancura, a unos tres o cuatro cuadras de la ciudad. El asesinado fue un tal Jerez, en manos de dos hermanos, apellidados Barrientos, que se encontraban de paso por la ciudad, los cuales se detuvieron en un despacho de alcohol en el cual estaba bebiendo el occiso, y que sin mediar provocación sacaron un machete y un puñal, que introdujeron directamente en el estómago. “Consumado el crimen los asesinos emprendieron la fuga, pero la policía avisada oportunamente, los persiguió y luego consiguió capturarlos. Los asesinos tenían un prontuario largo de robos, lesiones, venganza y homicidio en contra del padre de jerez, a quien habían muerto de un balazo”. [52]

En una noticia aparecida en un periódico, encontramos la alusión a tres asesinatos en una semana. Se señala textualmente:

 

Dá verdaderamente horror dar cuenta de crímenes tan alevosos como los ocurridos en la última semana y en corto espacio de un par de días. El domingo seis se encontró en la subdelegación de Rahue a corta distancia del puente San Pedro el cadáver del indíjena Pascual Antiñir, horriblemente mutilado y con varias puñaladas. Se le había cortado las orejas y la lengua.

 

El miércoles 9 se encontró en Remehue el cadáver de Salvador Caro con cinco grandes heridas en la cabeza y otra en el cuello que le abrió la garganta, y varias otras puñaladas en el cuerpo. Finalmente en el lugar de Hueyusca, cerca de Riachuelo se ha consumado otro asesinato en la persona de un tal Alejandrino Villegas, un asesinato que tiene todos los caracteres y coloridos de una verdadera tragedia, siendo los principales autores del delito la mujer del occiso y su amante, con quien desde meses anteriores habían combinado el plan de asesinarle a su marido....aprovechandose de la circunstancia de que Villegas se encontraba trabajando en un roce. [53]

 

Los casos se repiten: “En el lugar denominado Quilen fue asesinado en la noche del jueves Antonio Paicil de un balazo en el abdomen. La muerte fue instantánea. Los presuntos autores Zacarías Ríos y Vicente Moreira, quienes se cree hayan muerto a Paicil por haberse opuesto a que le robaran algunas cosas de su propiedad”. [54]

Un caso excepcional, lo constituyó el asesinato perpetrado por una mujer de apellido Tejeda, en contra del “novio” de su hija, y al parecer amante de ella. Para conocer más del hecho, lo relatamos textualmente:

 

El domingo 11 del presente, mui de alba se presentaba Maria Tejeda al Cuartel de Policía en solicitud de auxilio para hacer conducir preso a Amadeo Vargas que se habia introducido a su casa contra su voluntad y a quien ella habia dejado encerrado en una pieza.

 

La policía se trasladó donde Tejeda  encontró a Vargas dentro de una pieza cerrada, pero tendido, en el suelo, con una ancha herida en la frente y en los últimos estertores de la agonía. Llevado al cuartel y en seguida trasladado a su casa dejó de existir a los pocos momentos.

 

Interrogada la Tejeda espuso que ella solamente le habia dado un par de cachetadas y golpecito para dejarlo atontado en busca de la policía. Esta golpiza, que la Tejeda estima mui inocente, inferida al parecer con una barra de fierro, fue el que causó la muerte a Vargas...(a él) se le encontró en la pieza donde esa noche habia dormido la hija de la Tejeda. Se cree que el móvil del crimen fueron los celos.[55]

 

Un crimen parecido, en que el móvil fue el adulterio, lo cometieron en contra del marido Alejandrino Villegas. El relato nos entrega mayores descripciones del alto alevoso:

 

La esposa y su criminal amante vieron llegado el momento de realizar su inicuo plan aprovechando la circunstancia de que Villegas se encontraba trabajando en un roce y en lugar aislado. Se dirijieron ambos al lugar indicado y Juan Francisco Pérez que tal es el nombre del asesino, se ofrecio espontaneamente a ayudar a Villegas a cortar un árbol...de improviso Perez descarga sobre Villegas un feroz golpe con su hacha asestandole en la cabeza, y arrojandolo al suelo exánime; pero como la víctima diera aun señales de vida se le asestó otro hachazo en dirección del corazon, con cuyo golpe el infeliz Villegas espiraba revolcandose en un inmenso charco de sangre. [56]

 

La Situación Carcelaria

 

Si consideramos las memorias presentadas por los gobernadores y las noticias referidas a delitos generales de la ciudad de Osorno y sus alrededores, podemos describirla, como crítica.

La cárcel de la ciudad era pequeña y se encontraba en  un estado ruinoso. Se  ubicaba a  un costado de la Plaza de Armas, compartía el mismo edificio con el Cabildo, el Juzgado, la Sala de Armas y la Escuela Municipal. Debido a su estrechez, no podía contener tantos detenidos. Los informes hablan de 60 a 100 reclusos diariamente.

 

Salvador Sanfuentes, Intendente de Valdivia, nos describe la cárcel de Osorno:

 

...está dispuesta por una sola pieza...i sus dimensiones son de doce varas i ocho de ancho....en cuanto a comodidad no tiene ninguna....i su salubridad nada buena, porque no teniendo ventilación alguna, tampoco tienen allí los presos, patio alguno a donde salir a recibir el aire. Se hace sentir especialmente en ella la falta de dos calabozos para incomunicados i otros objetos, por lo cual suelen orijinarse ordinariamente para la administración de justicia...El régimen interior se reduce a mantener el aseo i sosiego de los presos, haciéndoles la lumbre a las ocho de la noche, hora en que está dispuesto se recojen a dormir. Esta vijilancia es del cuidado del cabo de una guardia cívica que permanentemente sostiene al gobierno para este esclusivo fin. No hai otro empleado, ni se da a los presos ninguna clase de instrucción ni ocupacion dentro de la cárcel”. [57]

 

La memoria del Ministerio del Interior de 1888,  nos señala que la cárcel ocupaba un edificio estrecho, para tanta población penal que alberga 80 a 100 presos. Además se refiere a la mala ubicación, la falta de higiene, “piezas mui bajas i húmedas, poco ventilados para aglomeración de tanta jente”. [58] No tenían calabozos, ni patios, lo cual hacía más pesada la vida carcelaria de los internos.

La actividad diaria de los detenidos era muy limitada, la mayoría se dedicaba a asear la cárcel; los que tenían mejor comportamiento trabajaban en obras públicas, especialmente  en arreglo de calles, caminos y puentes.

Dentro de la misma población penal se seleccionaba un ranchero, que se preocupaba de preparar y servir la comida consistente en “dos libras de carne, la octava parte de un almud de papas, dos onzas de sal, dos ajíes y dos panes por ración”. La alimentación era costeada por la Tesorería municipal, la cual se otorgaba a un concesionario, llamado “asentista” quien se encargaba de proveer los productos alimenticios. [59]

La situación carcelaria se hizo más compleja al producirse un incendio en 1864, que arrasó con la cárcel y con la gobernación. Mientras se construyeron las nuevas dependencias, se arrendó una casa particular que dio albergue a los presos El nuevo edifico se inauguró en 1866, de mayor amplitud, con distintas secciones, para incomunicados, rematados, personal de guardia y una sección especial para mujeres. [60]

A finales de la década de 1860 se creó un nuevo cuerpo  de policía, contratado anualmente, y compuesto por 17 policías destinados a la custodia de los presos y a la vigilancia pública.[61]

Según los antecedentes revisados, la situación carcelaria fue deficiente a nivel nacional. La Memoria del Ministerio de Justicia de 1890, nos informa de una reforma carcelaria, iniciada con una reestructuración a nivel nacional, la cual comprendió entre otros aspectos, la contratación de más personal, la construcción de 18 nuevas cárceles a lo largo del país con mayor capacidad de detenidos. También se implementó un plan especial  de trabajo de los reos, con el objeto de enseñarles un oficio; se organizaron talleres en las cárceles de Valparaíso y Chillán, teniendo la mayor parte de los reos rematados. En el presidio de Santiago se establecieron nuevos talleres, dando un 90% de ocupación de los reos.

En las casas correccionales de mujeres también se difundió el trabajo. En Santiago y Valparaíso se organizaron talleres de tejidos de lana, de costura, de lavandería, y otros. El resto de las casas del país se dedicaron a la costura y a la lavandería. “En la mayor parte de las prisiones se ha dado gran desarrollo a las pequeñas industrias manuales...En la penitenciaría de Talca, se ha organizado el trabajo de los reos principiando por ocuparlos, de cuenta del contratista en las obras de transformación que se hacen actualmente en edificio”.[62]

A pesar de la reconstrucción de la cárcel de Osorno, las autoridades siguieron reclamando por su estrechez. Debido a lo mismo, las fugas se hicieron más frecuentes. Día a día aparecían noticias en los periódicos y diarios sobre los inconvenientes del presidio local.

En una oportunidad, a las 2 de la madrugada dos reos se escaparon, utilizando una hoja de una tijera, una lima y el palo de una escoba “con la hoja de tijeras desclavaron un tablón cerca de un tabique que dá al patio y una vez fuera, desmayaron la cancahua haciendo uso de la misma tijera y de la escoba....El centinela que estaba servicio en el segundo piso sintió la caida de un cuerpo pasado y miró por la ventana al patio, pero como la noche estaba tan oscura nada vió; se disparó en seguida un tiro de rifle para llamar la atención de la policía la que ayudó al Sr. Galvez perseguir a los fugados hasta las 6 de la mañana”.[63]

Se mencionan muchos casos de fugados a plena luz del día. “El reo para efectuarla no tuvo más que sacar una tabla del ruinoso cerco que circunda el patio y en un momento de descuido de los guardias y protegido por varios de sus compañeros que trataron de distraer a sus custodios, emprendió la fuga con toda comodidad”. [64]

La prensa relata con lujo de detalles las continuas escapadas de la cárcel, incluso con ironía, se mencionaba que en cualquier oportunidad los guardias se encontrarían con los presos sentados tomando aire en la Plaza de Armas. Uno de los casos emblemáticos, fue el del reo Ramón Plaza de los Reyes, detenido por el homicidio del juez letrado Abelardo Contreras, y quien tuvo colaboración de los guardias, para escapar, le facilitaron un serrucho nuevo con el que limó los grillos, un lazo, un revólver con una caja de balas.

 

Para efectuar la fuga el reo rompió las tablas del cielo raso de su calabozo en seguida otro agujero en el mismo descolgándose a otra pieza o calabozo deshabitado que tiene la ventana a la calle. En este ató un lazo por el que descendió a la calle, frente a la plaza, con mayor comodidad. El cabo de guardia al sentir el ruido salió y se encontró con el lazo colgando a la ventana...Uno de los guardianes un tal Espinoza, fue el que con mayor empeño y valentía siguió tras el reo en dirección al puente de fierro del ferrocarril, para donde se suponía había emprendido la fuga y despues de mucho correr alcanzó a divisar un bulto que por la línea férrea se aleja rápidamente. Calculó sería el reo Plaza de los Reyes y los siguió y esta al verse sorprendido ocultó entre unas matas de zarza mora donde fue rodeado por la demás fuerza de policía”. [65]

 

Fue habitual que la ciudadanía relacionara la alta proporción de delitos con la escasez de policías. A partir de las quejas de los vecinos, se organizó un cuerpo de policía urbana y rural, además de un cuerpo exclusivo para la cárcel (los gendarmes), pero siempre su proporción fue menor en comparación a las necesidades. A esto se agregaba, la falta de preparación profesional. En su mayoría se trató de gente de muy bajo nivel de instrucción, que recibía salarios demasiados bajos. “El personal de la policía de seguridad urbana por lo jeneral entre jente de mui escaso valer, debido a la exigua renta que les asigna el presupuesto municipal. Los servicios que puesta no corresponden por tal motivo a los que seía exijir de un cuerpo de policía organizada convenientemente”. [66]

 

Refiriéndose a la policía urbana: ... con un personal numéricamente regular no puede ponerse su servicio a la altura que requiere para hacerlo con la eficacia necesaria por los mui diminutos sueldos i aunque se ha pensado en mejorar esta situación, se ha tropezado, primero por la falta de municipalidad....lo cual por los ínfimos sueldos que acuerda, es una dificultad por ahora insubsanable i hai que tomar al servicio a individuos que no merecen la confianza de nadie: perezosos e viciosos, incorrejibles para la disciplina i buen orden que debe reinar en un cuerpo de orden i honradez como lo es la policía o debería serlo.

 

El sueldo de los policías fluctuaba entre los $75 a $18 (comandante y soldado respectivamente). Respecto de esto, la documentación pública, menciona que:

 

...un artesano cualquiera gana dos pesos i mas diario; un peon cualquiera o gañan hoy aquí entre ochenta i cien centavos diarios de jornal; de manera que están mucho mejor remunerados que los individuos de la Policía i de ahí puede deducirse fácilmente la clase de jente que puede abstenerse para un servicio delicado y constante, diurno i nocturno  que apénas sesenta centavos diarios por individuo....carecen completamente de armamento adecuado e idóneo.

 

La policía rural cuenta de solo tres individuos, pagados con la renta que para su sosten acuerda la lei de 16 de diciembre de 1881, no puede prestar, ni con mucho, ni la tercera parte de los servicios que se le exijen  en las diez estensisimas delegaciones rurales de este departamento. [67]

 

Como lo hemos venido señalando, esto fue sólo una arista del problema delictual y carcelario de la ciudad, quizás el problema más complejo fue la pobreza económica, social y cultural de un grupo mayoritario de la sociedad, que no se había incorporado dignamente al trabajo, o a lo que conocemos como esructura laboral, es decir, existía una compleja desfuncionalización social y laboral, producto de la rigidez del sistema socioeconómico, que en su momento no supo resolver los principales problemas de la gente marginada, que venía arrastrándose desde los siglos coloniales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Valenzuela, Jaime,  Bandidaje Rural en Chile Central. Curicó 1850-1900, Colección Sociedad y Cultura, Centro de Investigación Diego Barros Arana, DIBAM, Santiago, 1991, p.14

[2] Ibídem

[3] Ibídem

[4] Carmagnani, Marcelo,  El Salariado Minero en Chile Colonial. Su Desarrollo en una Sociedad Provincial: El Norte Chico 1690-1800, Universidad de Chile, Centro de Historia Colonial, 1963, p.42

[5] Salazar, Gabriel,  Labradores, Peones y Proletarios. Formación y Crisis de la Sociedad Popular Chilena del Siglo XIX, Editorial LOM, Santiago, 2000, p. 26

[6] Ibídem, p. 27

[7] Carmagnani, ob. cit.,  p. 44

[8] Ibídem

[9] Ibídem

[10] Ibídem

[11] Ibídem

[12] Ibídem, pp. 29-30

[13] Salazar, Gabriel, ob. cit., p. 140

[14] Carmagnani, Marcelo, ob. cit., 53

[15] Ibídem, p. 59-60

[16] Ibídem, p. 60

[17] Salazar, Gabriel, ob. cit., p. 148

[18] Ibídem, pp. 148-149

[19] Valenzuela, Jaime, ob. cit., p. 37

[20] Ibídem, p. 41

[21] Ibídem, p. 45

[22] Valenzuela, Jaime, ob. cit., p. 122

[23] Salazar, Gabriel, ob. cit., p. 261

[24] Ibídem

[25] Ibídem, p. 262

[26] Ibídem

[27] Ibídem

[28] Ibídem, p. 276

[29] Ibídem, p. 277

[30] Ibídem, p. 281

[31] Ibídem, p. 287

[32] Ibídem, p. 289

[33] Ibídem, p. 309

[34] Real Academia de la Historia de Madrid, Colección Mata Linares, Tomo LXXVIII, 1782, sin foliar

[35] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Valdivia, Vol. 3, Nº24, 16 de agosto de 1843, ff. 103-104

 

[36] Periódico La Voz de Osorno, 16 de mayo de 1900

[37] Periódico El Correo de Osorno, 11 de diciembre de 1880

[38] Memoria del Gobernador de Osorno, Ministerio del Interior, Vol. 115, Tomo 3, 1894, p. 791

[39] Periódico La Voz de Osorno, 4 de diciembre de 1897

[40] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Llanquihue, Vol. 142, Nº43, 17 de abril de 1900

[41] Archivo Nacional de Chile, Memoria del Ministerio del Interior, Vol. 68, 1864, p. 179

Ver también Memoria del Gobernador de Osorno, Intendencia de Llanquihue, Vol. 21, 1863, sin foliar

[42] Ibídem

[43] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Llanquihue, Vol. 159, Nª113, 3 de diciembre de 1904, sin foliar

[44] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Llanquihue, Vol. 71, 28 de marzo de 1882, sin foliar

[45] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Llanquihue, Vol. 123, 22 de septiembre de 1896, sin foliar

[46] Archivo Nacional de Chile, Memoria del Ministerio del Interior, Vol. 114, Tomo 1, 1893, pp. XXXV-XXXVIII

[47] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Valdivia, Vol. 3, f. 30

[48] Periódico La Voz de Osorno, 13 de octubre de 1900

[49] Periódico La Voz de Osorno, julio de 1893

[50] Periòdico La Voz de Osorno, mayo de 1893

[51] Periódico La Voz de Osorno, 10 de abril de 1897

[52] Periódico La Voz de Osorno, 10 de junio de 1900

[53] Periódico La Voz de Osorno, 12 de diciembre de 1896

[54] Periódico la Voz de Osorno, 2 de junio de 1896

[55] Periódico La Voz de Osorno, 17 de noviembre de 1900

[56] Periódico La Voz de Osorno, 12 de diciembre de 1896

[57] Bauer, Kurt, Valdivia antes del Inmigración Alemana, según Salvador Sanfuentes y Miguel Luis Amunátegui, recopilado por Kurt Bauer, Imprenta Borneck, Valdivia, 1925, p. 120

[58] Archivo Nacional de Chile, Ministerio del Interior, Vol. 104, Tomo 2, 1888, p. 35

[59] Bauer, Kurt, ob. cit., p. 119

[60] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Valdivia, Vol. 13, agosto de 1864, sin foliar

[61] Archivo Nacional de Chile, Intendencia de Llanquihue, Vol. 36, 1869, sin foliar

[62] Archivo Nacional de Chile, Memoria del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Vol. 283, 1890, pp. 14-16

[63] Periódico La Voz de Osorno, julio de 1893

[64] Periódico La Voz de Osorno, 7 de febrero de 1894

[65] Periódico La Voz de Osorno, 29 de marzo de 1899

[66] Archivo nacional de Chile, Memoria del Ministerio del Interior, Vol. 115, Tomo 3, 1894, p. 792

[67] Archivo Nacional de Chile, Memoria del Gobernador de Osorno, Ministerio del Interior, Vol. 113, Tomo 3, 1893, p. 808

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